Suicidio, una acción desesperada

El siguiente artículo es redactado por un profesional en la salud mental, quien utiliza lenguaje técnico a un nivel medio para que los lectores tengan una fácil comprensión. Todos los lectores pueden realizar sus comentarios, los cuales son bien recibidos. De igual forma, otros profesionales de la salud mental pueden dejar sus aportes. Este espacio es creado para informar y sensibilizar sobre generalidades de la salud emocional y mental.

“A falta de vitalidad, falta de encontrar otra manera de desahogar tensión”.
-          Carl Jung




El 10 de septiembre se celebra el Día Internacional para la Prevención del Suicidio. Este día está pensado para que toda la población mundial reflexione acerca que la magnitud del tema, hacer énfasis en cuanto a la gran pérdida que trae implícito y terminar con el tabú que lo rodea. Según la Organización Mundial de la Salud –OMS–, los factores sociales, psicológicos, culturales y de otro tipo pueden interactuar para conducir a una persona a un comportamiento suicida, pero debido a la estigmatización de los trastornos mentales y del suicidio, muchos sienten que no pueden pedir ayuda. 

El suicidio es el acto que realiza una persona para terminar intencionalmente con su vida; es consecuencia de un sufrimiento psíquico provocado por dificultades en el ámbito global (personal, laboral, familiar, social, etc.) de una persona. Las conductas suicidas también pueden llegar a formar parte de una patología (enfermedad) psiquiátrica y estar catalogadas dentro de trastornos mentales, tales como la depresión, trastorno afectivo bipolar, esquizofrenia, trastorno límite de la personalidad, alcoholismo y uso de drogas, entre otros. Específicamente no quiere decir que son conductas propiamente de enfermedades mentales, pero si no existe el tratamiento oportuno y de emergencia puede convertirse en una patología. El indicador más conocido e importante es que una persona ya haya tenido un intento de suicidio consumado. 

Epidemiologia mundial y nacional sobre suicidio
Según la Organización Mundial de la Salud –OMS–, cada año se suicidan casi un millón de personas, lo que supone una tasa de mortalidad "global" de 16 por 100 000, o una muerte cada 40 segundos. También hacen mención que en los últimos 45 años las tasas de suicidio han aumentado en un 60% a nivel mundial. El suicidio es una de las tres primeras causas de defunción entre las personas de 15 a 44 años en algunos países, y la segunda causa en el grupo de 10 a 24 años; y estas cifras no incluyen las tentativas de suicidio, que son hasta 20 veces más frecuentes que los casos de suicidio consumado. 

Más de 800 000 personas mueren cada año por suicidio, y esta es la segunda causa principal de muerte entre personas de 15 a 29 años de edad. Hay indicios de que, por cada adulto que se suicidó, posiblemente más de otros 20 intentaron suicidarse.  En el 2012 se registraron 804,000 muertes por suicidio en el mundo. Esto representa una tasa anual mundial de suicidio de 11,4 por 100,000 habitantes (15,0 entre hombres y 8,0 entre mujeres). A nivel mundial, los suicidios representan un 50% de todas las muertes violentas registradas entre hombres y un 71% entre mujeres.


En Guatemala, los datos procesados por el Instituto Nacional de Estadística –INE– revelan que 3 de cada 100,000 personas cometen suicidio; sin embargo, Guatemala también es un país que considera el suicidio como tema tabú, por lo que algunas muertes no se registran como tal. En el 2018, según el reporte de causa de muerte aparecen registrados 486 fallecidos por ahorcadura (muerte por suspensión) y 208 por intoxicación por exposición o ingesta de plaguicidas.  Según la Organización Panamericana de la Salud –OPS–, en los  últimos 5 años han ocurrido 2,261 suicidios en nuestro país, siendo envenenamiento el método más recurrente, seguido por ahorcamiento y arma de fuego.   El 74% de las personas que han muerto por esta causa son hombres y el 43% de los casos registrados ocurren dentro de la vivienda.

Mitos y verdades
Con todos estos datos estadísticos, nos damos cuenta que el suicidio es un tema que no se toma con la importancia requerida; existen muchos mitos alrededor de este tema, describiremos algunos de ellos:

  1. Mito: El suicidio no puede prevenirse.

Verdad: Toda persona antes de cometer un suicidio presenta una serie de señales o síntomas. 


  1. Mito: La mayoría de suicidios suceden repentinamente, sin advertencia previa. 

Verdad: La mayoría de los suicidios han sido precedidos de signos de advertencia verbal o conductual. Es importante conocer los signos de advertencia y tenerlos presentes. 


  1. Mito: Quien habla de suicidio no tiene la intención de cometerlo.

Verdad: Quienes hablan de suicidio pueden estar pidiendo ayuda o apoyo. Un número significativo de personas que contempla el suicidio presenta ansiedad y depresión y pueden considerar que carecen de otra opción.


  1. Mito: Quien haya sido suicida alguna vez, nunca dejará de serlo.

Verdad: El mayor riesgo de suicidio suele ser de corto plazo y especifico según la situación. Aunque los pensamientos suicidas pueden regresar, no son permanentes y quien haya tenido pensamientos e intenciones suicidas puede llevar después una vida larga. 


  1. Mito: El suicida está decidido a morir.

Verdad: Todo lo opuesto, los suicidas suelen ser ambivalentes acerca de la vida o la muerte. Pueden cometer actos impulsivos al utilizar algunos medios para cometer suicidio, lograrlo unos días después pero hubiera preferido seguir viviendo. 


  1. Mito: Hablar del suicidio es una mala idea y puede interpretarse como estímulo.

Verdad: Dado el estigma generalizado alrededor del suicidio, la mayoría de las personas que contemplan el suicidio no saben con quién hablar. En lugar de fomentar el comportamiento suicida, hablar abiertamente puede dar a una persona otras opciones o tiempo para reflexionar sobre su decisión previniendo el suicidio.


  1. Mito: Todas las personas que intentan suicidarse están deprimidas.

Verdad: Los pensamientos suicidas son un síntoma de la depresión, toda persona deprimida tiene una posibilidad de realizar un intento suicida o un suicidio, sin embargo no todos los que lo hacen presentan este trastorno. 


  1. Mito: Los niños no se suicidan.

Verdad: Después que un niño adquiere el concepto de la muerte, puede cometer suicidio. 


  1. Mito: Solo los profesionales de la salud mental pueden prevenir el suicidio.

Verdad: Cualquiera interesado en auxiliar puede ser un valioso colaborador en su prevención. 


  1. Mito: Nadie puede impedir que una persona suicida tome la decisión de matarse.

Verdad: La mayoría de personas con conductas suicidas no quieren morir, quieren liberarse del dolor emocional y pueden tener sentimientos ambivalentes de la vida y muerte hasta el último momento.


Signos y señales de advertencia
Considerando que este estigma aún es bastante fuerte en nuestra sociedad, debemos estar atentos a las señales que una persona puede presentar. La mayoría de ocasiones, las personas se aíslan y prefieren no comunicar los pensamientos suicidas que pueden estar teniendo. Algunas de las señales o signos que una persona suicida puede presentar son:

• Aumento del uso de alcohol o drogas
• Hablar sobre sus ganas de querer morir
• Tener dudas acerca de la existencia, por ej. “¿Cuál es el punto de vivir?”
• Hablar acerca de cómo otros estarían mejor sin ellos
• Retirarse o dejar de tener contacto social de manera repentina
• Hipersensibilidad o irritación por cosas pequeñas y sencillas
• Actitudes autodestructivas
• Tener cambios de humor repentinos
• Hablar acerca de maneras de morir o como matarse
• Decir que son una carga para otros
• Mencionar no saber hasta donde podrán aguantar su situación
• Expresar una cantidad preocupante de dolor / sufrimiento mientras atraviesan una transición de vida
• No encontrar una salida a experiencias difíciles que están teniendo
• Comportamientos imprudentes
• Dificultad para encontrarle sentido a la vida / las cosas como eran antes
• Hablar desesperanzadamente sobre el futuro
• Autolesiones
• Angustias tras revivir traumas del pasado
• Hablar acerca de sentirse atrapado / sofocado, ej. Con responsabilidades o sufrimientos
• Mencionar recurrentemente cuanto quieren dejar de sufrir
• Expresar gran cantidad de odio a si mismo
• Mencionar que la vida no tiene sentido
• No visualizar un futuro que quieran vivir
• Sentir que a nadie le importa que les suceda
• Extrema soledad y aislamiento

Las crisis de suicidio son no deben dejarse pasar desapercibidas, muchas personas que han sufrido de pensamientos suicidas mejoran su calidad de vida al compartir sus preocupaciones y buscar la ayuda profesional oportuna. Los pensamientos suicidas están asociados con problemas que tienen solución, al compartir esa carga, se podrán generar diferentes puntos de vista para encontrar las soluciones necesarias.

Nadie estás solo. Es importante compartir con las personas más cercanas cualquier inquietud acerca del sentido de la vida y los sentimientos de desesperanza y soledad. Brindemos el apoyo necesario y hagamos uso de nuestra escucha activa y empatía para mejorar el entorno de una persona que presenta estos signos. El suicidio puede prevenirse.





Infórmate y ayuda.
 

                Débora Guidos 
                Licda. en Psicóloga.









Fuente1: Organización Mundial de la Salud –OMS– (2014). Prevención del suicidio, un imperativo social. Resumen ejecutivo.   
Fuente2: Organización Mundial de la Salud –OMS– (2012). Prevención del Suicidio (SUPRE).  https://www.who.int/mental_health/prevention/suicide/suicideprevent/es/
Fuente3: Organización Mundial de la Salud –OMS– (2014). Prevención del suicidio, un imperativo social.  https://www.who.int/mental_health/suicide-prevention/world_report_2014/es/
Fuente4: Organización Panamericana de la Salud –OPS– (2018). Día mundial de prevención del suicidio. https://www.paho.org/gut/index.php?option=com_content&view=article&id=818:dia-mundial-de-prevencion-del-suicidio&Itemid=441


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